sábado, 26 de julio de 2008

Doctrina y Fe


La Iglesia Católica Reformada de Venezuela acepta sin ninguna reserva como norma de fe y doctrina:

1.- Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia como regla de

Fe y conducta del creyente.

2.- Los tres credos ecuménicos: el credo de los Apóstoles, el credo Niceno y el credo de

San Atanasio, como resúmenes de la doctrina de la Iglesia Universal de Cristo y de

La fe dada a los Apóstoles.

3.- Los siete primeros Concilios de la Iglesia Indivisa.

4.- La Confesión de Augsburgo.

5.- La opción preferencial por los pobres como parte integral de la misión de Cristo

Para la Iglesia.

Por otra parte creemos que la Iglesia Católica Reformada de Venezuela es católica y apostólica por su identidad:

IDENTIDAD TRINITARIA CATÓLICA

La catolicidad de nuestra iglesia está fundamentada en las afirmaciones trinitarias de los concilios antiguos de la Iglesia: el
Apostólico, el Niceno y el de Atanasio. El Credo Apostólico afirma: 'Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica'. El
Credo Niceno afirma: 'Creemos en la Iglesia que es una, santa católica y apostólica' y el de Atanasio elabora 'Cualquiera
que quiera ser salvo deberá ante todo tener la fe católica ...Ahora esta es la fe católica: que adoramos a un solo Dios en
Trinidad y la Trinidad en unidad,...' y culmina así 'Esta es la fe católica. Uno no puede ser salvo sin creer creer esto firme y
fielmante.' (Traduccion de LBW páginas 55, 84,85)

Las afirmaciones Trinitarias le dan su identidad católica a la Iglesia. La Iglesia es la obra de Dios por su gracia, y le
pertenece a Dios. Dios llamó a la iglesia de toda tribu y toda raza. La Iglesia es llamada 'el cuerpo de Cristo'. Por esa
razón la Iglesia no pertenece a un obispo, nacionalidad, ubicación o grupo étnico en particular. La Iglesia es por quien
Jesucristo dio su vida, para hacerla santa y católica por su atractivo universal y apostólica por su fidelidad al mensaje
recibido en la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo.

¿Somos católicos? "Sí. somos católicos, pero no parte de la denominación llamada "Católica Romana" la cual
mucha gente simplemente llaman 'La Iglesia Católica'. La palabra 'católica' viene de las palabras griegas 'kata', que
significa 'a través de' o 'de acuerdo a'; y 'holos', que significa 'el todo'. A menudo se define como 'universal'.

"Como se puede ver, no hay nada aquí que se aleja de las Escrituras o de la iglesia católica o de la iglesia de Roma,
mientras que la iglesia antigua nos es dada a conocer por sus escritores." (Confesion de Augsburgo, articulo XXI). Así que,
dentro de nuestras propias confesiones de Fe, somos hecho uno con la iglesia católica, y orgullosamente proclamamos
nuestra identidad como participantes en la iglesia que es 'una, santa, católica y apostólica'.

Por tal razón los católicos reformados afirmamos y firmemente creemos que somos católicos. No somos una secta, ni otra
denominación o fe, sino parte de la iglesia una, santa, católica y apostólica.

LA CATOLICIDAD DEL ANGLICANISMO

La catolicidad del anglicanismo es una verdad que no podemos ceder ni transar ni un ápice frente a las pretensiones romanistas.
Ellos son “católicos-romanos” como nosotros somos católicos-anglicanos; nuestras diferencias y discrepancias no tienen que ver con la catolicidad de nuestras respectivas Iglesias, sino con el desarrollo y pretensiones abusivas del romanismo. Aceptar esas pretensiones, aunque sea en la forma de referirnos a nuestras dos Comuniones, es empobrecer nuestra herencia católica y anglicana para Latinoamérica.

Como anglicanos, no pertenecemos a ninguna Iglesia o secta protestante, ni menos a una que habría fundado el rey Enrique VIII de Inglaterra.

Nosotros pertenecemos a la Iglesia Santa, Católica y Apostólica, única Iglesia que Cristo fundó. Cuyos Apóstoles recibieron del Señor la “Divina Comisión” para predicar la salvación a los hombres por la fe en su Señor, trasmitida a través de los siglos por Obispos, Misioneros, Mártires y Santos hasta llegar a nuestros Obispos actuales; que administra los sacramentos instituidos por Jesucristo y que es dirigida por los Obispos, sucesores de los Apóstoles.
Para los Padres de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, la catolicidad no tenía nada que ver con una referencia al Papado, inexistente en esa época, sino más bien con la continuidad y fidelidad a la doctrina apostólica.
San Vicente de Lérins (+ 450), en su “CONMONITORIO”, escrito con la intención de enseñar y conservar la fe verdadera, establece en primer lugar un principio, al cual la Comunión Anglicana ha sido siempre leal: "En la Iglesia Católica hay que poner el mayor cuidado para mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos. Esto es lo verdadero y propiamente católico."
Y luego nos dice cómo llevar a la práctica este principio:
"Esto se conseguirá si nosotros seguimos la universalidad que se encierra en la misma etimología de la palabra, la antigüedad, el consenso general. Seguiremos la universalidad, si confesamos como verdadera y única fe la que la Iglesia entera profesa en todo el mundo; la antigüedad, si no nos separamos de ninguna forma de los sentimientos que notoriamente proclamaron nuestros santos predecesores y padres; el consenso general, por último, si en esta misma antigüedad, abrazamos las definiciones y las doctrinas de todos, o de casi todos, los Obispos y Maestros." (Vicente de Lérins. Conmonitorio,2. Editorial Palabra, Madrid, 1976).

En el anglicanismo se enseña todas las antiguas doctrinas sobre las cuales no había dudas en la Iglesia, y que están contenidas en las Sagradas Escrituras, explicadas a la luz de la Tradición por los Padres antiguos, los acuerdos de los primeros Concilio Ecuménicos, y resumidas en los Credos Católicos.
Podemos decir tranquilamente con San Ambrosio: "Observamos fielmente los preceptos de nuestros Padres y no rompemos con insolente temeridad el sello de la herencia. Porque ni los Señoríos, ni las Potestades, ni los Ángeles, ni los Arcángeles han osado abrir aquel profético libro sellado: sólo a Cristo compete el derecho de desplegarlo." ( “De fide ad Gratianum Augustum, lib.II, cap. 16, 141:ML 16,613): "
San Vicente agrega:
"Mas lo que debemos destacar principalmente en este valor casi divino de los confesores, es que han defendido la fe antigua de la Iglesia Universal y no la creencia de ninguna fracción de ella..En los decretos y en definiciones de todos los obispos de la Santa Iglesia, herederos de la verdad apostólica y católica, es en lo que han creído, prefiriendo exponerse a sí mismos a la muerte antes que traicionar la antigua fe universal. "

Esto lo probaron con creces los mártires anglicanos en tiempos de la persecución de la Reina María Tudor (apodada “María la Sanguinaria” Bloody Mary), que queriendo reimplantar el catolicismo-romano en Inglaterra, utilizó la violencia física contra los defensores de la antigua y católica fe. Uno de estos mártires el Bienaventurado Obispo Latimer respondía a sus inicuos jueces: '”En qué tenemos que basar nuestra fe, ¿en las Sagradas Escrituras de la Iglesia o en la autoridad de la Iglesia no apoyada por las Escrituras? "
La objeción anglicana al desarrollo del dogma católico-romano desde la Reforma, es que las adiciones que ha hecho a la fe católica descansan solamente en la autoridad del Papa, sin demostración alguna de su verdad a la luz de la Escritura.

El
principio mantenido en la actualidad en toda la Comunión Anglicana es precisamente aquel por el que murieron los mártires en la persecución de la Reina María.
Junto al Bienaventurado Obispo Latimer, murieron en la hoguera, cinco obispos, un centenar de sacerdotes y muchos laicos, hombres y mujeres, campesinos y ciudadanos, que prefirieron la muerte antes que traicionar la antigua fe católica, rechazando las adiciones del romanismo y su Papado.
Entre estos mártires eminentes se encuentra el Arzobispo de Canterbury, el Bienaventurado Tomás Crammer, guía espiritual de la reforma de la Iglesia católica inglesa, excelente liturgista y piadoso obispo, mártir de la fe, asesinado por el odio desatado por el partido romanista.

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